Artículo original
Vol. 30 | Núm. 4 | 2025
19 min
José Ramón Solano-Lorente1*, Mario Díaz-Cutillas2
, Olga Monteagudo-Piqueras2
¹Departamento de Ciencias Sociosanitarias, Universidad de Murcia, España
²Dirección General de Salud Pública y Adicciones, Consejería de Salud de la Región de Murcia, España
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Resumen (ES)
Objetivo: Analizar la evolución del sedentarismo en la población adulta española entre 2011 y 2023, identificando sus principales determinantes desde una perspectiva de género.
Método: Estudio transversal basado en microdatos de la Encuesta Nacional y Europea de Salud (2011–2023), con una muestra de 110.042 personas mayores de 15 años. Se aplicó la definición de sedentarismo del Sistema Nacional de Salud. Se realizaron análisis descriptivos y modelos de regresión logística multivariante estratificados por sexo.
Resultados: La prevalencia de sedentarismo fue superior en mujeres (41,5 %) que en hombres (32,4 %), con un descenso hasta 2020 y repunte en 2023. Los factores asociados fueron obesidad, percepción negativa de salud, trabajos sedentarios y tabaquismo diario; el nivel educativo universitario actuó como factor protector.
Conclusiones: Persisten desigualdades de género y educativas en el sedentarismo. Se requieren políticas integrales orientadas a reducir la inactividad y promover entornos laborales activos.
Palabras clave (ES):
Resumen (EN)
Objective: To analyze the evolution of sedentary behavior among Spanish adults between 2011 and 2023, identifying its main determinants from a gender perspective.
Method: Cross-sectional study based on microdata from the Spanish National and European Health Surveys (2011–2023), including a sample of 110,042 individuals aged 15 years or older. The National Health System’s definition of sedentary behavior was applied. Descriptive analyses and multivariable logistic regression models stratified by sex were performed.
Results: Sedentary behavior was more prevalent in women (41.5%) than in men (32.4%), showing a decrease until 2020 and a rebound in 2023. Associated factors included obesity, poor self-rated health, sedentary jobs, and daily smoking, while university education acted as a protective factor.
Conclusions: Gender and educational inequalities in sedentary behavior persist. Comprehensive policies are needed to reduce inactivity and promote active work environments.
Palabras clave (EN):
Introducción
El sedentarismo, definido como la falta de actividad física regular y la prevalencia de comportamientos de baja exigencia física, constituye en la actualidad uno de los factores de riesgo más críticos para la salud pública en las sociedades desarrolladas. Estudios recientes estiman que, en promedio, los adultos pasan entre seis y ocho horas diarias en comportamientos sedentarios, cifra que supera las diez horas en personas mayores de 65 años [1]. Esta tendencia ha aumentado notablemente en las últimas décadas, impulsada por la digitalización, los cambios en el entorno laboral y un estilo de vida cada vez más urbano y automatizado, lo que ha reducido las oportunidades para la actividad física en la vida cotidiana [2].
La evidencia científica ha vinculado el sedentarismo con un riesgo significativamente mayor de desarrollar enfermedades crónicas no transmisibles (ENT), como la obesidad, la diabetes tipo 2 y las enfermedades cardiovasculares, que representan alrededor del 71 % de las muertes anuales a nivel global [3]. Un análisis a gran escala mostró que las personas que pasan más de ocho horas al día en actividades sedentarias presentan entre un 20 % y un 30 % más de riesgo de enfermedad cardíaca y hasta un 50 % más de probabilidades de desarrollar diabetes y obesidad si no realizan actividad física moderada [4]. Wilmot et al. confirmaron estas asociaciones mediante una revisión sistemática y un metaanálisis que destacaron la relación entre el tiempo sedentario y el riesgo de enfermedades crónicas [5].
En respuesta a esta situación, la Organización Mundial de la Salud (OMS) ha establecido recomendaciones que proponen la práctica de al menos 150 minutos de actividad física moderada o 75 minutos de actividad vigorosa por semana como medida preventiva básica [6]. Sin embargo, cumplir con estas recomendaciones no mitiga completamente los efectos adversos del sedentarismo. Investigaciones recientes han demostrado que incluso las personas que alcanzan dichos niveles de actividad física presentan un riesgo aumentado de alteraciones metabólicas y cardiovasculares si permanecen largos periodos en reposo, lo que subraya la necesidad de interrumpir frecuentemente el tiempo de inactividad mediante movimientos breves y regulares [7].
La relación entre sedentarismo y obesidad resulta especialmente preocupante en el contexto de la salud pública, ya que ambas condiciones se refuerzan mutuamente, generando un ciclo de inactividad y aumento de peso que eleva el riesgo de desarrollar otras comorbilidades. Estudios previos señalan que las personas con obesidad tienen un 50 % menos de probabilidades de cumplir con las recomendaciones de actividad física, perpetuando así el ciclo de ganancia ponderal y reduciendo su capacidad de mejorar la salud mediante el ejercicio [8]. Este círculo vicioso no solo deteriora la calidad de vida, sino que también incrementa la prevalencia de afecciones como la hipertensión, los trastornos metabólicos y las enfermedades cardiovasculares, que a su vez aumentan el riesgo de dependencia y complicaciones crónicas [9].
En el contexto europeo, se estima que alrededor del 39 % de los adultos no cumple con los niveles mínimos de actividad física recomendados, siendo este déficit más pronunciado en los países de ingresos altos, donde el sedentarismo se ha consolidado como un componente generalizado del estilo de vida [10]. En España, la situación es igualmente preocupante: según la Encuesta Nacional de Salud (ENSE) y la Encuesta Europea de Salud (EES), solo el 16 % de los hombres y el 10 % de las mujeres realizan actividad física varias veces por semana, mientras que más del 40 % de la población no realiza ninguna actividad física en su tiempo libre [11]. Esta inactividad es más frecuente entre personas con bajo nivel educativo y con sobrepeso u obesidad, lo que refuerza la evidencia de que los determinantes socioeconómicos desempeñan un papel clave en los niveles de actividad física y en el riesgo de enfermedades crónicas [12]. Además de los factores sociodemográficos, resulta relevante considerar la influencia de los hábitos de salud. Diversos estudios han señalado que las personas fuma doras tienden a mostrar menores niveles de actividad física, tanto por mecanismos fisiológicos como por patrones conductuales [13].
Asimismo, resulta imprescindible incorporar la perspectiva de género en el análisis del sedentarismo, dado que las desigualdades estructurales entre hombres y mujeres influyen de manera significativa en los patrones de actividad física y en el tiempo dedicado a comportamientos sedentarios. Informes recientes señalan que las mujeres presentan, en promedio, menor disponibilidad de tiempo libre debido a la carga desproporcionada de tareas domésticas y de cuidados, una mayor presencia en ocupaciones de carácter sedentario y una menor participación en contextos deportivos estructurados, lo que incrementa su vulnerabilidad frente a los efectos adversos del sedentarismo. El Instituto Europeo de Igualdad de Género ha señalado que estas desigualdades socioculturales y económicas condicionan la capacidad de las mujeres para cumplir las recomendaciones de actividad física y contribuyen a la persistencia de brechas en salud que deben ser consideradas en los análisis poblacionales [14].
Dado el impacto del sedentarismo sobre la salud pública y su persistencia en subgrupos vulnerables, resulta fundamental continuar caracterizando su distribución y evolución en contextos específicos como el español. El presente estudio tuvo como objetivo analizar el perfil de sedentarismo en la población española entre 2011 y 2023, evaluando su relación con diversas variables sociodemográficas, de salud y de hábitos de vida —como el consumo de tabaco— con el fin de identificar patrones de sedentarismo y los grupos poblacionales más afectados desde una perspectiva de género.
Material y métodos
Diseño de investigación y participantes
Se llevó a cabo un estudio transversal utilizando los datos proporcionados por la Encuesta Nacional de Salud de España (ENSE) y la Encuesta Europea de Salud (EES) correspondientes a los años 2011, 2014, 2017, 2020 y 2023. Dichas encuestas recopilaron información representativa de la población adulta española mayor de 15 años y se emplearon con el fin de analizar los hábitos de sedentarismo y la actividad física realizada en el tiempo libre. La muestra total estuvo compuesta por 110.042 participantes, de los cuales 50.862 eran hombres y 59.180 mujeres. Los participantes se distribuyeron en grupos de acuerdo con variables sociodemográficas como edad, sexo, nivel educativo y percepción del estado de salud.
Medidas e instrumentos
Variable dependiente. La variable dependiente fue el sedentarismo, definido según los Indicadores Clave del Sistema Nacional de Salud (SNS) como la situación en la que una persona no realiza actividad física alguna y ocupa su tiempo libre de forma casi completamente sedentaria, mediante actividades como ver televisión, leer o acudir al cine (Ministerio de Sanidad, Consumo y Bienestar Social, s.f.). Se utilizó la categoría “No hago ejercicio”. El tiempo libre lo ocupo de forma casi completamente sedentaria” de la variable de actividad física en tiempo libre, recogida de forma sistemática en la ENSE y la EES. Esta variable se dicotomizó en “sedentarismo (Sí/No)” en función de la categoría descrita.
Variables explicativas. Las variables explicativas incluyeron: la edad (agrupada en los tramos 15–24, 25–44, 45–64 y ≥65 años), el sexo (hombre/mujer), el nivel educativo (primaria o inferior, ESO/FP/Bachiller y estudios universitarios), la percepción del estado de salud (bueno o muy bueno, regular, malo o muy malo), el índice de masa corporal (IMC), clasificado en insuficiencia ponderal, normopeso, sobrepeso u obesidad, y el tipo de actividad física realizada en la ocupación principal (laboral, educativa o de otro tipo), clasificada en cuatro categorías: 1) sentado/a la mayor parte del tiempo, 2) de pie sin grandes desplazamientos, 3) caminando o transportando peso y 4) realizando esfuerzos físicos importantes. Adicionalmente, se incorporó una variable relacionada con los hábitos de salud: el consumo diario de tabaco (fumador/a diario/a: sí/no).
Consideraciones éticas
Este estudio se realizó utilizando bases de datos de acceso público, anonimizadas y gestionadas por el Instituto Nacional de Estadística (INE), por lo que no fue necesario recabar consentimiento informado de los participantes. Se respetaron en todo momento los principios éticos recogidos en la Declaración de Helsinki, en su versión más actualizada, así como las directrices legales vigentes en materia de investigación en salud pública en España.
Análisis de datos
El análisis estadístico se llevó a cabo mediante modelos de regresión logística binaria con el fin de examinar la relación entre las variables explicativas y el sedentarismo en el tiempo libre. Se llevaron a cabo análisis por separado para hombres y mujeres con el objetivo de identificar posibles diferencias en los patrones de sedentarismo en función del género. En cada modelo se incluyeron como variables de ajuste el estado de salud percibido, la actividad física como actividad principal y el consumo de tabaco. Se calcularon las odds ratios (OR) junto con sus intervalos de confianza al 95 % (IC 95 %) para estimar la probabilidad de sedentarismo en relación con las variables explicativas. Adicionalmente, las prevalencias presentadas en las tablas descriptivas fueron ajustadas mediante el factor de ponderación oficial de las encuestas con el objetivo de garantizar la representatividad de los resultados a nivel poblacional. Todo el análisis de datos fue realizado con el software estadístico R (versión 4.3.0), y se consideró un nivel de significancia estadística de p < 0,05.
Resultados
La muestra estuvo compuesta por 110.042 personas adultas residentes en España entre 2011 y 2023, con una ligera sobrerrepresentación femenina (53,8 % mujeres; 46,2 % hombres). La participación fue homogénea entre las cinco ediciones. El grupo de edad más representado fue el de 45–64 años. Las mujeres presentaron peor percepción del estado de salud y una mayor proporción de normopeso, mientras que los hombres mostraron una prevalencia superior de sobrepeso y obesidad. En términos de actividad laboral, las mujeres tendían más a desempeñar trabajos de pie sin desplazamientos, mientras que los hombres presentaban una mayor proporción de empleos físicamente exigentes. El sedentarismo fue más frecuente en mujeres (41,5 %) que en hombres (32,4 %). El tabaquismo diario fue más prevalente en hombres (24,8 % frente a un 17,4 %) (Tabla 1).

Entre los hombres, la frecuencia de sedentarismo disminuyó de forma progresiva entre 2011 (38,8 %) y 2023 (26,6 %), con un aumento paralelo de la práctica regular de ejercicio. La inactividad física fue más común entre los mayores de 65 años, los hombres con bajo nivel educativo, obesidad, mala percepción del estado de salud, trabajos sedentarios o de gran esfuerzo físico, y entre los fumadores diarios (Tabla 2).

Las mujeres presentaron consistentemente mayores tasas de sedentarismo a lo largo del periodo (49,8 % en 2011 frente a un 34,2 % en 2023). Esta inactividad fue especialmente acusada entre las mujeres mayores de 65 años (52,1 %), con estudios primarios (55,7 %), obesidad (55,0 %), percepción negativa del estado de salud (67,9 %) y trabajos sedentarios (49,3 %). Las mujeres fumadoras también presentaron una mayor prevalencia de inactividad física (Tabla 3).

El análisis de independencia mediante chi-cuadrado mostró asociaciones significativas (p < 0,001) entre la actividad física en el tiempo libre y todas las variables analizadas, tanto en hombres como en mujeres. Las variables con mayor peso en esta asociación fueron la edad, el nivel de estudios, el índice de masa corporal (IMC), la percepción del estado de salud, el tipo de actividad laboral y el tabaquismo diario (Tabla 4).

Los modelos de regresión logística multivariante, ajustados y estratificados por sexo, revelaron asociaciones significativas entre múltiples factores y la probabilidad de sedentarismo. En los hombres, los factores que aumentaron la probabilidad de ser sedentario fueron la obesidad (OR: 1,61), la salud percibida mala o muy mala (OR: 1,72), la actividad principal sedentaria (OR: 1,55) y el tabaquismo diario (OR: 1,91). Por el contrario, tener estudios universitarios (OR: 0,34) se asoció con una menor probabilidad de sedentarismo. Estos resultados se visualizan en la Figura 1.

En las mujeres, el perfil fue similar. Se mantuvieron asociaciones significativas entre sedentarismo y obesidad (OR: 1,59), salud percibida negativa (OR: 1,60), tabaquismo diario (OR: 1,55) y actividad principal sedentaria (OR: 1,70). El nivel educativo superior (universitario) se confirmó como factor protector (OR: 0,33). Estos datos se representan en la Figura 2.

Discusión
Este estudio refuerza hallazgos previos sobre el sedentarismo en la población española y, al mismo tiempo, incorpora aspectos novedosos que permiten una comprensión más actual y compleja del fenómeno. Entre sus aportaciones destacan el uso de datos actualizados hasta 2023, la inclusión del consumo de tabaco como variable explicativa y el análisis estratificado por sexo desde una perspectiva de género, elementos escasamente explorados de forma conjunta en estudios representativos a nivel nacional.
De acuerdo con investigaciones previas, el sedentarismo es más prevalente en mujeres que en hombres [15,16]. Esta diferencia se ha mantenido constante a lo largo del periodo estudiado, lo que sugiere la persistencia de desigualdades estructurales que limitan el acceso y la práctica de actividad física. En particular, se detectaron niveles especialmente elevados de sedentarismo en mujeres de 25 a 44 años, en concordancia con los hallazgos de Montero et al. [17]. Sin embargo, este estudio aporta una perspectiva más detallada al aplicar modelos multivariantes estratificados por sexo. Además, factores como el bajo nivel educativo, la obesidad, la percepción negativa del estado de salud y el hábito de fumar diariamente se asociaron de forma significativa con el sedentarismo en ambos sexos, confirmando lo descrito por Bauman et al. [18] y Bennie et al. [12]. Como ya señalaban Maestre et al. [19], las desigualdades sociales en sedentarismo no solo se mantienen, sino que incluso han aumentado en ciertos grupos. Nuestros resultados refuerzan esta tendencia, evidenciando que las personas con estudios primarios presentan tasas de sedentarismo hasta el doble que aquellas con educación universitaria. También se destaca un patrón de estilos de vida poco saludables que contribuyen a la reducción de la actividad física regular [20].
Los resultados muestran que las personas con trabajos predominantemente sedentarios son menos activas durante su tiempo libre, lo que concuerda con estudios que describen una escasa compensación del sedentarismo laboral mediante ejercicio recreativo [21]. Esto adquiere especial relevancia si se tiene en cuenta que pasar más de diez horas diarias en sedestación se asocia con un mayor riesgo de mortalidad, incluso en personas físicamente activas [7]. En línea con las recomendaciones de la OMS [6], es necesario un enfoque integral que combine la promoción de la actividad física con la reducción del tiempo sedentario en todos los contextos, especialmente el laboral. En el ámbito nacional, el Ministerio de Sanidad ha subrayado repetidamente, en sus estrategias de Promoción de la Salud y Prevención del Sedentarismo [22,23], la necesidad de reducir los comportamientos sedentarios a través de entornos saludables, educación para la salud y refuerzo de hábitos activos desde la infancia hasta la edad adulta. Sin embargo, los datos de este estudio reflejan que aún persisten importantes desigualdades que deben abordarse mediante políticas más ambiciosas y sostenidas en el tiempo.
El entorno de trabajo representa, por tanto, una oportunidad clave para intervenir. Estrategias como escritorios ajustables o pausas activas han demostrado reducir el tiempo sedentario y mejorar marcadores de salud [24,25]. Nuestros hallazgos respaldan la necesidad de implementar este tipo de medidas, especialmente en sectores donde el trabajo implica largos periodos de inactividad. Finalmente, resulta destacable que, aunque estudios como los de Montero et al. [26] apuntaban a una mejora progresiva en los niveles de actividad física entre 2011 y 2020, nuestros datos muestran un repunte del sedentarismo en 2023. Este fenómeno podría estar relacionado con el impacto de la pandemia de COVID-19 y con la consolidación del teletrabajo, aspectos que merecen un seguimiento estrecho en los próximos años.
Limitaciones
Este estudio presenta algunas limitaciones. El diseño transversal impide establecer relaciones causales entre el sedentarismo y los factores asociados. La información se basa en autoinformes, lo que puede introducir sesgos de memoria o de deseabilidad social. Aunque se ha incluido la perspectiva de género, otras variables relevantes, como el nivel socioeconómico, la región geográfica o la etnia, no se consideraron en los modelos multivariantes.
Fortalezas e implicaciones prácticas
Entre las principales fortalezas destacan el tamaño muestral, la representatividad nacional de las encuestas utilizadas y la amplitud temporal de los datos, que abarcan más de una década. La incorporación de variables como el tabaco y la ocupación, así como el análisis estratificado por sexo, permite una comprensión más profunda del fenómeno del sedentarismo. Estos hallazgos tienen importantes implicaciones para la salud pública, ya que permiten identificar perfiles de riesgo e intervenir de forma más dirigida. Políticas públicas que aborden el sedentarismo desde la educación, el entorno laboral y la perspectiva de género podrían tener un impacto sustancial en la reducción de enfermedades crónicas no transmisibles.
Futuros estudios
Sería conveniente que futuras investigaciones adopten un diseño longitudinal que permita establecer relaciones causales y observar trayectorias individuales de comportamiento sedentario. También resulta prioritario estudiar el papel de factores contextuales, como las diferencias regionales, el acceso a recursos comunitarios o los cambios en los patrones laborales derivados del teletrabajo. La integración de indicadores objetivos (acelerómetros, dispositivos móviles) complementaría la información obtenida mediante autoinforme y permitiría una medición más precisa de los niveles reales de actividad física y sedentarismo.
Conclusiones
Este estudio identifica los principales determinantes del sedentarismo en la población adulta española entre 2011 y 2023, destacando una mayor prevalencia en mujeres —especialmente entre los 25 y 44 años— y en personas con menor nivel educativo, obesidad, percepción negativa del estado de salud y comportamientos no saludables como el tabaquismo. Aunque se observan ligeras mejoras en algunos indicadores de sedentarismo durante la última década, los datos de 2023 muestran un repunte preocupante, posiblemente vinculado a la consolidación del teletrabajo y a cambios en los hábitos postpandemia. Este patrón no ha sido homogéneo entre los distintos grupos sociodemográficos, lo que subraya la persistencia de desigualdades estructurales.
Los resultados refuerzan la necesidad de desarrollar políticas públicas integrales que combinen la promoción de la actividad física con estrategias específicas para reducir el tiempo sedentario, especialmente en el ámbito laboral. Es prioritario focalizar estas intervenciones en poblaciones vulnerables y en mujeres con baja cualificación, integrando la perspectiva de género como herramienta esencial para lograr mayor equidad. Reducir el sedentarismo, como factor de riesgo independiente, contribuiría de forma relevante a la prevención de enfermedades crónicas, particularmente cardiovasculares. Futuros estudios longitudinales deberían evaluar el impacto de estas medidas y monitorizar la evolución del sedentarismo en contextos sociales cada vez más digitalizados.
Financiación
No se recibió financiación para la investigación, autoría y/o publicación de este artículo.
Contribución de autoría
JRSL: Conceptualización, redacción del borrador original, interpretación de resultados y edición final.
MDC: Análisis estadístico, tratamiento de datos y revisión crítica del manuscrito.
OMP: Conceptualización, supervisión metodológica, orientación científica general y revisión final.
Todos los autores han leído y aceptado la versión final del manuscrito.
Conflictos de intereses
No se identificó ningún conflicto de interés comercial, financiero o personal para la investigación, autoría y/o publicación de este artículo.
Uso de inteligencia artificial
No se utilizaron herramientas de inteligencia artificial en la redacción, análisis, interpretación o revisión de este artículo.
Referencias
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