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Vol. 30 | Núm. 1 | 2025
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Introducción
La salud mental es uno de los principales desafíos de salud pública. El European Study of the Epidemiology of Mental Disorders (ESEMeD, 2006) [1] reveló que el 25,9 % de los encuestados había sufrido un trastorno mental en su vida y el 11,5 % en el último año, con niveles de discapacidad superiores a los de enfermedades físicas crónicas. Datos más recientes de la Organización Mundial de la Salud (OMS) indican que más del 33 % de la población padece trastornos mentales, siendo los más comunes la depresión y la ansiedad, afectando especialmente a personas en situación de vulnerabilidad [2].
Los trastornos mentales son la principal causa de carga de enfermedad en muchos países de Europa occidental, mientras que en regiones con menores ingresos ocupan posiciones más bajas debido a la prevalencia de enfermedades perinatales y cardiovasculares. En Europa, representan el 19 % de los años de vida ajustados por discapacidad (AVAD) [2]. Además, su impacto en la calidad de vida es significativo: contribuyen al 40 % de los años perdidos por discapacidad (AVD), siendo la depresión unipolar responsable del 13,7 %. También se asocian a una mayor prevalencia de enfermedades crónicas como diabetes, cáncer y patologías cardiovasculares.
En muchos países europeos, los trastornos mentales son la principal causa de incapacidad laboral, aumentando la carga económica. El proyecto ROAMER (2010) estimó su coste en Europa en 461.000 millones de euros [3]. Además, existe una estrecha relación con el suicidio, cuya tasa media anual en Europa es de 13,9 por 100.000 habitantes. En España, fue la primera causa de muerte entre jóvenes en 2019, y en Canarias la tasa es superior a la media nacional [4].
La Encuesta de Salud de Canarias (ESC-ISTAC, 2021) [5] reveló que el 27 % de la población mayor de 16 años presenta riesgo de sufrir un trastorno mental, superando cifras previas (23,7 % en 2015 y 25,6 % en 2009). Asimismo, el 13,1 % ha tenido pensamientos suicidas alguna vez, con mayor incidencia en el grupo de 45 a 64 años (15,6 %).
El consumo de psicofármacos ha aumentado en España. Desde que la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) comenzó a registrar datos, la prescripción de ansiolíticos, antidepresivos e hipnosedantes ha crecido de forma constante [6]. Entre 2006 y 2016, el uso de antidepresivos aumentó un 53 %, y España es el segundo país de la OCDE con mayor consumo de ansiolíticos, solo superado por Portugal. En 2017, el 5,6 % de la población española declaró haber consumido antidepresivos en las dos semanas previas, siendo más frecuente en mujeres (7,9 %) que en hombres (3,2 %) [7].
Estudios como el Observatorio Español de las Drogas y las Adicciones (OEDA, 2021) [8] confirman que el 22,5 % de la población de 15-64 años ha consumido hipnosedantes en algún momento de su vida. Según el Barómetro Juvenil Salud y Bienestar (2022), uno de cada cuatro jóvenes (24,9 %) consumió psicofármacos en el último año, con o sin prescripción médica [9].
El informe BDCAP-Series 2 (Ministerio de Sanidad, 2020) [10] indica que el 34,3 % de las mujeres y el 17,8 % de los hombres mayores de 40 años retiró al menos un envase de un psicofármaco en 2017. El consumo es mayor en mujeres, aumenta con la edad y es más elevado en niveles socioeconómicos bajos. Además, entre el 30 % y el 60 % de las consultas de atención primaria están relacionadas con trastornos como ansiedad o depresión, tratadas con ansiolíticos y antidepresivos[11].
La pandemia por COVID-19 ha impactado significativamente la salud mental. Las medidas de confinamiento y aislamiento interrumpieron las relaciones sociales, fundamentales para el bienestar psicológico [12]. Revisiones recientes han evidenciado efectos negativos como estrés postraumático, confusión e ira [13], lo que probablemente incrementó el consumo de psicofármacos.
El propósito de este estudio es evaluar una posible relación entre la dispensación de psicofármacos y la primera fase de la pandemia por COVID-19, como medida indirecta de los cambios en la salud mental en la Comunidad Canaria.
Material y métodos
Se ha realizado un estudio descriptivo, observacional de tipo ecológico.
Fuentes de información: se solicitaron los datos de dispensación al Servicio de Uso Racional del Medicamento y Control de la Prestación del Servicio Canario de Salud. En concreto, el número de envases dispensado de cada principio activo y de cada grupo farmacológico en función del rango etario (0-14 años, 15-64 años y ≥65 años), el sexo y el área de salud (isla) donde fueron dispensados. Todo esto para dos períodos temporales: de marzo a diciembre de 2019 y de marzo a diciembre de 2020. Los fármacos de los que se solicitó la información incluyen los más comúnmente utilizados en el tratamiento de los trastornos mentales. Se incluyó un total de 79 principios activos: 15 ansiolíticos, 25 antidepresivos, 23 antipsicóticos, 12 hipnosedantes y 4 fármacos (otros) que no encajan exactamente en ninguna de las categorías anteriores. Se comprobó, mediante la herramienta online BIFIMED (Ministerio de Sanidad), que eran fármacos financiados por el SNS.
Los datos demográficos relativos a la población canaria son los publicados por el Instituto Canario de Estadística (ISTAC). Se emplearon las cifras de población, a 1 de enero de cada año, elaboradas a partir del Padrón Municipal de Habitantes.
Medición y estandarización de tasas. Se calcularon las tasas de dispensación según sexo, rango etario e isla, expresadas en envases dispensados por cada 100.000 habitantes. Dada la diferente estructura demográfica en las islas, se estandarizaron las tasas por tramos de edad con el objetivo de compararlas (estandarización por edades). Se realizó un ajuste de tasas por el método indirecto usando como tasa estándar la tasa bruta de cada grupo farmacológico en cada uno de los dos períodos. También se realizó la estandarización de las tasas totales de dispensación para el global de Canarias mediante el método directo y usando la población estándar europea del 2013 con el objetivo de facilitar la comparación de los datos con otras poblaciones de la región europea, aunque en este trabajo no se realiza dicha comparación.
Análisis estadístico. Para realizar la representación, el análisis y el resumen de la información de la muestra se utilizó el programa Microsoft Excel. Para comparar las tasas correspondientes a los dos períodos estudiados, se utilizó la prueba de rangos con signo de Wilcoxon (no paramétrica) para dos muestras relacionadas, estableciendo como significativo un valor de p < 0,05. Se emparejaron las tasas calculadas para el primer período con las calculadas para el segundo período, y se calcularon los riesgos relativos. Se utilizaron el paquete estadístico SPSS y el programa de análisis epidemiológico Epidat 4.2.
Resultados
En la Tabla 1 se muestra el número de envases y las tasas brutas de dispensación, por grupos etarios, grupos farmacológicos y sexo para ambos periodos (marzo-diciembre 2019/2020). Las tasas brutas fueron superiores en el periodo de 2020 para todos los ítems, excepto para el grupo de 65 o más años.

En la Tabla 2 se muestran las tasas brutas de dispensación por grupos farmacológicos y rango de edad. Solo el consumo de benzodiacepinas y el de hipnóticos-sedantes en el grupo de 65 o más años fue inferior en el periodo de 2020. En los demás grupos etarios las tasas fueron superiores, para todos los grupos farmacológicos, en 2020.

Las tasas brutas de dispensación fueron superiores en las mujeres para todos los grupos farmacológicos y en ambos periodos, excepto en el grupo de hipnóticos y sedantes. Para los antidepresivos fue más del doble.
Las mayores tasas de dispensación por islas, en ambos periodos, se registraron en Gran Canaria, La Palma y Tenerife. En Gran Canaria se dieron las tasas de dispensación más altas de ansiolíticos e hipnosedantes mientras que La Palma registró las mayores tasas de dispensación de antidepresivos, antipsicóticos y otros (carbamazepina, lamotrigina, litio y memantina). Las tasas de dispensación más bajas se dieron en Fuerteventura y Lanzarote (Tablas 3 y 4).


La estandarizaron de las tasas para el conjunto de las islas en ambos períodos, ajustadas a la población estándar europea de 2013, fue para 2019 fue de 223.180 (IC 95 %: 222.959-223.401) y para 2020 de 241.256 (IC95 %: 241.256-241.715).
Los psicofármacos más dispensados según grupo farmacológico coinciden en ambos periodos. En el grupo de los ansiolíticos destacan en orden descendente: alprazolam, lorazepam, diazepam y clorazepato de potasio. En el grupo de los antidepresivos: sertralina, trazodona, escitalopram, duloxetina y amitriptilina. En el grupo de los antipsicóticos destacan: quetiapina, olanzapina, risperidona y sulpirida. Lormetazepam y zolpidem fueron los hipnóticos más dispensados.
Al realizar el cálculo de las tasas de dispensación para cada principio activo observamos que hay 3 fármacos que superaron los 20.000 env/105 habitantes. Se trata del alprazolam (media de 27.200 env/105 hab entre los dos períodos), el lorazepam (media de 25.670 env/105 hab) y el lormetazepam (media de 21.650 env/105 hab).
Una vez calculadas las tasas para las variables estudiadas en los dos períodos, se utilizó la prueba de rangos con signo de Wilcoxon para dos muestras relacionadas con el objetivo de determinar si existían diferencias estadísticamente significativas entre ellas. Se emparejaron las tasas brutas calculadas para el conjunto de las islas para el primer período con las calculadas para el segundo período, realizando una comparación por pares de variables y estableciendo como significativo un valor de p < 0,05 (Tablas 5 y 6). A continuación, se realizó una prueba de comparación de tasas de incidencia y se calculó el intervalo de confianza y contraste de hipótesis para aquellas tasas que habían sufrido un incremento estadísticamente significativo. Al comparar las tasas brutas de dispensación en ambos períodos, se observa un aumento significativo de dispensación en 2020 con respecto a 2019 [riesgo relativo: 1,052; IC95 % (1,051, 1,054)]. En cuanto a las tasas de dispensación totales según rangos etarios, se observa que han aumentado de un período al otro en el grupo de 0 a 14 años (riesgo relativo: 1,017; IC95 % (1,001, 1,033)] y en el de los 15 a los 64 años [riesgo relativo: 1,011; IC95 % (1,010, 1,013)]. Al comparar las diferencias entre las tasas por sexo para ambos períodos, se observa que han aumentado también de forma estadísticamente significativa tanto para hombres [riesgo relativo: 1,010; IC95 % (1,008, 1,012); como para mujeres (riesgo relativo: 1,011; IC95 % (1,010, 1,013)]. En cuanto a las diferencias entre las tasas de dispensación de cada isla para los dos períodos, se concluye que ha habido un aumento significativo de dispensación en 2020 frente a 2019 en Fuerteventura [riesgo relativo: 1,024; IC95 % (1,017, 1,032)], Gran Canaria [riesgo relativo: 1,005; IC95 % (1,003, 1,007)] y Tenerife [riesgo relativo: 1,012; IC95 % (1,010, 1,014)].


Discusión
El miedo, la preocupación y el estrés son respuestas normales ante amenazas reales o percibidas, especialmente en contextos de incertidumbre como la pandemia por COVID-19. Al temor de contraer el virus se sumaron cambios drásticos en la vida diaria, como el confinamiento, el teletrabajo, el desempleo y la escolarización en casa, lo que afectó la salud mental de la población. Factores como el estrés, la adversidad y la pérdida de seres queridos aumentaron el riesgo de problemas psicológicos.
En el primer año de la pandemia, la prevalencia global de ansiedad y depresión aumentó un 25 % (OMS, 2022) [14]. Se identificaron como grupos de mayor riesgo los jóvenes (20-24 años), las mujeres y personas con condiciones de salud preexistentes. En este estudio se analizó si la dispensación de psicofármacos en Canarias fue superior durante la primera ola de la pandemia (marzo-diciembre 2020) en comparación con el mismo período del año anterior. La tabla I muestra un aumento en la dispensación para los rangos de edad de 0-14 y 15-64 años, en todos los grupos farmacológicos y en ambos sexos, excepto para benzodiacepinas e hipnóticos-sedantes en mayores de 65 años.
El perfil de dispensación encontrado coincide con estudios previos. La cuantificación del consumo de psicofármacos presenta desafíos, ya que los datos pueden obtenerse a partir de encuestas como la ENSE 2017 [7] o registros de prescripción como el informe BDCAP-Serie 2 [10]. Mientras que las encuestas dependen de la autodeclaración, los registros de prescripción no contemplan el consumo sin indicación médica. No obstante, los estudios coinciden en que el uso de psicofármacos ha crecido en la última década, siendo los ansiolíticos y los hipnosedantes los más consumidos, seguidos de los antidepresivos, con un consumo generalmente mayor en mujeres.
En este estudio, los ansiolíticos fueron los fármacos más dispensados en ambos períodos, seguidos por antidepresivos e hipnóticos-sedantes. Se dispensaron más de 20.000 envases por cada 100.000 habitantes de alprazolam, lorazepam y lormetazepam. Las mujeres registraron una tasa de dispensación casi el doble que los hombres en todas las series. En los antidepresivos, el consumo femenino superó ampliamente al masculino, mientras que los antipsicóticos fueron más prescritos en hombres. Un estudio de 2020 basado en las ENSE de 2006, 2011 y 2017 [15] mostró que las mujeres presentan mayor vulnerabilidad psicológica, peor salud autopercibida y mayor diagnóstico de trastornos mentales, sugiriendo una posible sobreprescripción de psicofármacos en comparación con los hombres.
El consumo de psicofármacos es mayor en los grupos de edad avanzada, tendencia que se refleja en este estudio, con mayores tasas de dispensación en mayores de 65 años, particularmente en hipnosedantes y antidepresivos. Al comparar entre las islas, Gran Canaria, La Palma y Tenerife presentaron las tasas más altas de dispensación en ambos períodos, mientras que Fuerteventura y Lanzarote tuvieron las más bajas. En 2016, la Encuesta de Salud de Canarias reveló una mayor prevalencia de morbilidad psíquica en La Palma, Tenerife y Gran Canaria, en concordancia con nuestros hallazgos [17].
La elevada mortalidad de las personas mayores de 65 años (población 2019 > de 65 años: 340.679 personas), la institucionalización de muchas de ellas, y una atención sanitaria bastante precaria durante la pandemia (incluida la prescripción de fármacos) podría ser la causa de que la tasa de dispensación en este grupo no haya aumentado.
Estudios como el proyecto MINDCOVID [16] muestran también un aumento de los problemas de salud mental en personal sanitario respecto al periodo prepandemia, con síntomas de depresión, ansiedad, ataques de pánico y trastorno de estrés postraumático. El CIS (2021) [15] indicó que un 23,4 % de la población española tuvo miedo de morir por COVID-19, un 68,6 % temió por la vida de seres queridos y un 72,3 % expresó preocupación por su contagio, además de experimentar síntomas como insomnio, fatiga y cefaleas.
Este estudio presenta limitaciones. Es un estudio ecológico en el que las asociaciones pueden deberse a cualquier otro factor no conocido, a pesar de que se haya realizado un cierto ajuste por edad, sexo y zona geográfica. No se ha recogido el número de nuevas prescripciones, lo que apoyaría la idea de que ha habido una parte importante de nuevos pacientes en 2020. Como los datos de dispensación son globales, lo que podemos constatar es su aumento significativo, pero no si hay nuevos pacientes, para lo que sería necesario otro tipo de estudio. Asimismo, no se puede relacionar el consumo de psicofármacos con la asistencia a las consultas de psiquiatría o de atención primaria ni con el diagnóstico del ámbito psicopatológico. Tampoco por el tipo de estudio es posible estudiar la incidencia de pacientes con combinación de varios fármacos a la vez o la relación del consumo de psicofármacos con personas que vivían aisladas en sus domicilios durante la pandemia.
La variable principal (número de envases de psicofármacos prescritos) es sólo una variable aislada del consumo real que se haya producido de psicofármacos. Por ejemplo, es posible que, durante el periodo de pandemia, la falta de visitas presenciales, con el consiguiente control de los médicos, haya derivado en una prolongación automática de la prescripción, sin que se asegure la toma por los pacientes afectados.
Por último, sabemos que la fuente de información que hemos usado es la de la dispensación financiada por el Servicio Canario de Salud, y no hemos tenido en cuenta la dispensación no financiada, aunque pensamos que esta última será muy baja. La dispensación y el consumo pueden diferir, pero en ambos periodos la población es la misma, con los mismos hábitos.
Conclusiones
En Canarias, hubo un incremento significativo de las tasas de dispensación de psicofármacos de marzo a diciembre de 2020 respecto al mismo periodo de 2019, lo que se podría interpretar como un reflejo del aumento del sufrimiento psicosocial de la población causado por la pandemia y por las medidas de aislamiento domiciliario impuestas durante el confinamiento. Las tasas de dispensación fueron más altas en las mujeres y los ansiolíticos los psicofármacos más dispensados, seguidos de los antidepresivos. Por islas, aumentaron las tasas de dispensación en Fuerteventura, Gran Canaria, La Gomera y Tenerife.
Agradecimientos
A la dra. Fidelina de la Nuez Viera, jefa de sección del Servicio de Uso Racional del Medicamento y Control de la Prestación y a la dra. Natalia Gónzalez Brito, coordinadora regional de Salud Mental. Dirección General de Programas Asistenciales del SCS.
Financiación
No se ha recibido financiación para el desarrollo de este estudio.
Conflictos de interés
No existen conflictos de interés en ninguno de los autores.
Contribuciones
Rodríguez Pulido y Dávila diseñaron el estudio y obtuvieron los datos. Todos contribuyeron al análisis y la discusión de los resultados, a la redacción del borrador y la revisión y edición.
Bibliografía
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